viernes, mayo 20

Fin de semana

Llegó el fin de semana con un frío tal, que ni ganas me dieron de salir a mi antro regalón, pese a que mis amigos me avisaron que estarán allá. Me pillaron las 22:15 frente al computador, con un chal sobre las piernas y la estufa prendida, esperando que llegue un amigo para conversarnos tranquilamente una copa de vino.


A mí me encanta salir, de verdad, y tengo dos sitios regalones donde es bastante seguro encontrarme durante la semana y fines de semana (siempre estoy rotando entre ambos), cuando las finanzas lo permiten. Sin embargo, también me encanta quedarme en casa tranquila con un libro en la mano o con una amiga o amigo (como esta noche). A mis padres les causa curiosidad que una mujer sola tenga siempre una botella de vino en su casa -sobre todo considerando que a veces no hay ni fósforos- y, en ocasiones, les incomoda la idea. ¿Cómo va a ser tanto que no pueda carretear sin trago?, deben preguntarse.


La verdad es que el panorama no es tan terrible como ellos se lo imaginan a veces. Mi etapa alcohólica, esa de Bahamondes y el Schop Negro (¿¿o era Bar Negro??), o la caja de vino con el jugo Yupi (además de otras sustancias al margen de la legalidad) ya pasó hace bastante tiempo. Cierto es que todavía me encanta tomarme una trago, sea un combinado fuerte, una copa de vino rico, o una ceveza bien helada (Royal de preferencia), pero en enfoque es otro: pasó de ser 'una forma de hacer amigos' a ser 'una forma de compartir con los amigos'. Pasó de ser un consumo desmedido en busca de aquel efecto, a ser un consumo moderado, por el placer del sabor.


Puesto que no soy muy dada a enfrentar grupos numerosos, suelo preferir instancias como la de esta noche. A mí me gusta la conversación, el debate, compartir ideas y ponerme al tanto de la vida de quien me acompaña; los gritos y esa constante necesidad de alzar la voz para que te oigan me resultan agotadores. Me han dicho muchas veces que me he puesto fome, 'vieja chica', y que ya no soy tan entretenida como antes. Claro, antes me tomaba hasta el agua de los floreros, bailaba arriba de las mesas (no es exageración: hay fotos) y hablaba con todo el mundo. A mi casa la apodaron "El hogar de Cristo", porque siempre ofrecía una cama (OJO, no la mía) a quien no tuviera cómo regresar a su casa, aunque los hubiese conocido recién.


Con el tiempo me fui tranquilizando y quedé con un grupo muy reducido de GRANDES amigos, de esos así, con mayúsculas. De esos que te iban a dejar a la casa cuando quedabas mal y te dejaban en la cama con el 'ancla', en lugar de seguir carreteando y dejar que te las arregles sola. Amigos que la mañana siguiente te iban a ver con una aspirina y que de talla te ponían una copa de vino bajo las narices. Personas que cuando dijiste "me voy a relajar, chiquillos, no tomo más por un buen tiempo" te invitaban a salir igual y te compraban bebidas. Amigos que me escucharon lloriquear durante meses cuando no encontraba pega, siempre con la misma cantinela. De esos que puedes llamar llorando a las 2am y parten a tu casa. Amigos que se enojan y te retan peor que tus viejos cuando enganchas con alguien que no te conviene, porque te quieren.


A veces extraño mi época más desinhibida, cuando era capaz de conversar con cualquiera y recurría a cualquier cosa con tal de evadir ciertos problemas. Nunca me faltaba qué hacer y ni a palos me hubiese quedado un viernes por la noche frente al computador. El carrete empezaba a las 15:00 después de la U. A veces yo misma me encuentro fome y me pregunto qué me pasó en el camino. Pero en esos momentos medio críticos en que me va a entrar la depresión porque me llegó 'el viejazo', aparece uno de mis amigos y me dice "¿Vamos a tomarnos algo? . . . Ah, estás con frío. Si quieres te voy a ver a tu casa para que conversemos un rato".

2 Comments:

Blogger Javier said...
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Comparto muchas de las cosas que dices eneste post...de verdad que uno empieza a tranquilizarse y a preferir las conversaciones a los tumultos, el debate a tener que imponer la voz entre tanta gente...y yo creo no tiene nada d emalo...no es el viejazo, sino que a veces uno hace tanto algo que ya empieza a perder la gracia...
Y los amigos, ademas de la familia, es todo lo que tenemos.

Saludos,

21 mayo, 2005 11:43  
Blogger Lino Solís de Ovando G. said...
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Hola Andrea. Gracias por entrar a Goma de Mascar. Sí, soy amigo de María Esther, auqnue yo la llamo María Teresa, y no sé muy bien por qué. Es más, ella está viviendo ahora en mi casa, hasta que aguantemos compartir los espacios. Yo no he escuchado hablar de ti. Pero te comenzaré a leer desde ahora. Un beso.

24 mayo, 2005 13:31  

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